ARTÍCULO: Contaminación biológica de planetas, ¿clave para la diversidad de formas de vida?, por Daniel Ricardo Yagolkowski

Introducción

Cuando los astronautas van a ingresar en su vehículo espacial llevan un equipo que les provee aire y sus botas están cubiertas con una funda. Ambas cosas son retiradas por los asistentes no bien el astronauta está dentro del vehículo.

El equipo de aire busca que el astronauta no inhale aire atmosférico con su carga de bacterias, esporas y hongos; la cubierta de las botas, que el traje de vuelo no se contamine con las bacterias u hongos que pudiera haber en el piso de la plataforma que sostiene la nave antes de partir.

De ese modo se evita que el astronauta infeste el interior del vehículo, contaminación que después se podría trasladar al espacio cuando se haga una actividad extravehicular (AEV) o cuando se pisen otros cuerpos celestes.

En efecto, así como un astronauta podría contagiarse alguna enfermedad desconocida de otro mundo, análogamente él podría ser el vector de contaminación de ese nuevo satélite o planeta que pise.

Esa voluntad de evitar la contaminación de otro planeta hace que los módulos de descenso, tripulados o robóticos, sean esterilizados antes de su lanzamiento, así como el interior del vector (cohete) que los lleva.

Pero, ¿por qué toda esta preocupación por evitar la contaminación, no de los astronautas (lo que sería lógico: enfermedades desconocidas) sino la que ellos pudieran generar en otro cuerpo celeste, ya fuere la Luna o cualquier otro planeta?

La respuesta se halla en una de las definiciones del concepto de protección planetaria: conjunto de técnicas y métodos para intentar que no se produzca la contaminación biológica entre los cuerpos celestes del Sistema Solar.

Sin embargo, no todo estaría mal con esta forma de contaminación, porque parece que su ocurrencia natural es inevitable y trae apareada diversidad biológica en los planetas donde se produce.

También se la puede realizar adrede, como en los proyectos para adaptar otros planetas (Marte, por ejemplo) para que las formas de vida terrícolas puedan vivir y desarrollarse normalmente allá, como si estuvieran en la Tierra.

Ahora veremos sendos ejemplos de estas formas de contaminación, la natural y la inducida.

Panspermia

Una rama de la biología que ahora se denomina astrobiología (anteriormente, exobiología), investiga si hay vida, y de qué clase, en otros planetas… ¡y en el espacio sideral mismo!

En efecto, si bien las condiciones del espacio parecían ser hostiles para el desarrollo de cualquier forma de vida, en los asteroides y hasta en algunas partes de las paredes externas de la Estación Espacial Internacional parecen haberse hallado bacterias muy primitivas que, por su capacidad para vivir en ambientes extremadamente hostiles, se denominan extremófilas.

En la Tierra hay otros tipos de extremófilas que habitan en aguas muy calientes y sulfurosas, por ejemplo, donde se suponía que la vida no podría existir.

Si bien no tenemos una definición clara de qué es vida, sí tenemos una especie de noción operativa que nos permite, hasta cierto punto, reconocer que algo está vivo. Este tema es central para la astrobiología, porque lleva inmediatamente a la pregunta: ¿cómo se originó la vida en, por ejemplo, la Tierra?

Una teoría muy antigua para responder esa pregunta es la de la panspermia que, en lo esencial, dice que la vida se originó en algún lugar del universo (posiblemente, en algún planeta) y después, cuando ese planeta explotó, en sus restos llevó formas de vida primitiva por todo el espacio y al caer en otro planeta, si las condiciones eran las adecuadas, esas formas se desarrollaron.

El inconveniente principal de esta teoría es que si aceptamos que la vida en la Tierra, por ejemplo, surgió a partir de otro planeta, la pregunta es cómo apareció la vida en ese planeta. La respuesta sería “desde otro”… y así seguimos hacia atrás, pero entonces tuvo que haber un planeta primigenio donde la vida se desarrolló de modo autóctono porque no tenía de dónde venir.

Eso nos lleva a que si en UN solo sitio había condiciones aptas para la vida tal como la conocemos, ¿por qué no puede haberlas en cada planeta? En otras palabras, ¿podría ser que la vida sea autóctona de cada planeta?

O sea, lo que se invalida es la posibilidad de un sitio único de diseminación, pero no la posibilidad de contaminación de planetas con formas de vida de otros.

De hecho, la Tierra es bombardeada sistemáticamente por rocas o fragmentos sólidos provenientes de planetas que estallaron y que, cuando ingresan a gran velocidad a la atmósfera terrestre, se vuelven incandescentes por la fricción y si no se desintegran en ese momento, pueden caer a la superficie de la Tierra: es ahí cuando se los denomina meteoritos, que son de dos clases, los metálicos (también conocidos como sideritos u holosideritos), mayormente compuestos por hierro, y las condritas.

Los meteoritos metálicos, empero, no son los que interesan desde el punto de vista de transportar vida: están demasiado alterados químicamente y por eso sólo quedan en ellos metales, que son más resistentes a los cambios producidos por las fusión, fricción y radiación cósmica.

Pero nos interesa el otro tipo de meteoritos, las condritas, que son rocosos y, a diferencia de los metálicos, no sufrieron procesos de fusión en los restos de planetas (asteroides) en los que se formaron. Acá sí puede haber vida. Una palabra de precaución: encontrar condritas no significa que al revisarlo o abrirlo se hallará dentro un hombrecito verde o un plato volador: simplemente que al no haber padecido transformaciones químicas, en su interior se puede encontrar restos fósiles de bacterias, por ejemplo.

Estos meteoritos demuestran que lo que se creía respecto de que las duras condiciones del ambiente espacial impedían el desarrollo de vida (temperaturas extraordinariamente bajas, exposición directa a los rayos cósmicos y a la radiación solar), no es cierto. Esto significa que si una condrita cayera a Tierra y albergara alguna forma de vida (bacterias, esporas de hongos), quizá podría desarrollarse, unirse a las formas autóctonas... o competir con ellas y dominar la Tierra, convirtiéndola en un planeta apto para el desarrollo de las formas de vida de aquel planeta del que provino la condrita.

Terraformación

Esta palabra se refiere a un concepto teórico de la astrobiología: es el conjunto de técnicas y procesos, incluida la ingeniería genética, que permitiría transformar el ambiente de un planeta de modo tal de hacerlo habitable por seres humano (los gases de la atmósfera, presencia de agua con las sales que conocemos en la nuestra y demás). Para lograr esto se especula con enviar estructuras rocosas con bacterias o, si no, plantas encerradas en protectores que se desintegrarían al llegar al planeta buscado, iniciando así el proceso de terraformación.

Este concepto teórico permitiría, por ejemplo, que Marte pueda ser ocupado por colonias humanas después de haberlo terraformado.

Para ello se sembrarían bacterias que constituirían el sustrato primordial sobre el que después podrían crecer formas vegetales más altas en la escala y llegarse, finalmente, a animales y seres humanos.

Si bien claro y preciso en la teoría, en la práctica debe enfrentar el hecho de que las primeras bacterias que se sembraran tendrán que soportar todo el embate de los rayos cósmicos (típicamente, la atmósfera marciana es demasiado tenue, a diferencia de la de la Tierra) y esas bacterias, aun si fueran útiles en la Tierra, podrían mutar y convertirse en una especie letal, que cree un substrato nocivo para toda la vida terrícola. Un principio clave de la biología es que cuanto más primitiva una forma de vida, más fácil y rápidamente muta, y no siempre las mutaciones son convenientes.

Como fuere, acabamos de ver que el concepto de protección planetaria que dimos arriba debe entenderse, en realidad, como la contaminación nociva de un planeta con, por ejemplo, desechos plásticos. La otra contaminación, aquella de la que acabamos de hablar, podría dar resultados interesantes, tales como fortalecimiento de especies existentes con nuevos genes alóctonos o sea, provenientes de otros mundos, pero también plantea el problema de que esas formas de vida quizá sean más fuertes que las autóctonas, lo que haría que, por ejemplo, la Tierra quedara aloformada... y la vida humana no pudiera existir más en ella.

Como se ve, un tema fascinante y con muchas aristas…

© 2017 Daniel Ricardo Yagolkowski

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Conversación en la Forja

1 comentario

  1. Gracias,estimado Daniel Yagolkowski, por este artículo. Lo encuentro interesante y de mucho valor científico. Un abrazo.

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